Por qué el posthumanismo atraviesa mi obra
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De la búsqueda de lo esencial a ESSENTIA
Durante mucho tiempo no utilicé el término posthumanismo para hablar de mi pintura.
No porque lo desconociera, sino porque mi punto de partida no fue teórico, sino intuitivo: una necesidad de depurar la imagen hasta lo esencial, de eliminar lo anecdótico para quedarme con aquello que permanece cuando todo lo demás desaparece.
En las primeras obras de la serie ESSENTIA, como ESSENTIA I, no hay figuras humanas ni acción visible. Sin embargo, la presencia humana es incuestionable: una caravana detenida, una piscina en calma, ropa tendida al sol. Elementos cotidianos que no describen una escena, sino que actúan como huellas.
Alguien estuvo allí.
Ahora ya no está.
Ese vacío —más que la forma— fue el primer indicio de que mi trabajo comenzaba a dialogar, sin saberlo, con el pensamiento posthumanista.

La ausencia del cuerpo y la centralidad del espacio
El posthumanismo cuestiona la idea del ser humano como centro absoluto de la experiencia y del pensamiento. Autoras como Rosi Braidotti proponen una revisión profunda del humanismo clásico, no para negar lo humano, sino para descentrarlo, situándolo en relación con el entorno, la tecnología, la materia y los sistemas que lo superan¹.
En ESSENTIA I, la arquitectura no funciona como fondo escenográfico, sino como sujeto principal de la imagen. El espacio se presenta vacío, pero cargado de sentido. La piscina, el muro, la caravana o la ropa tendida no narran una historia: conservan una memoria.
Aquí la pintura deja de representar cuerpos para representar la condición humana sin cuerpo, una idea que conecta con reflexiones de Peter Sloterdijk, cuando describe los espacios habitados como extensiones existenciales del ser². El espacio ya no es neutro: es un contenedor de vida pasada.
De lo cotidiano a lo simbólico
En estas primeras obras, los elementos aún son reconocibles y domésticos:
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la caravana como refugio provisional
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la piscina como promesa de bienestar
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la ropa tendida como gesto mínimo, íntimo

No hay ironía ni crítica explícita. Hay silencio.
Un silencio que suspende la acción y convierte lo cotidiano en símbolo.
Este estado de suspensión se aproxima a lo que Giorgio Agamben denomina “vida en potencia”, una existencia detenida, no consumada, donde la acción se repliega y deja espacio a la contemplación³.
La metamorfosis hacia ESSENTIA XV
Con el paso del tiempo, mi obra comenzó a desprenderse incluso de esos indicios humanos. No por negarlos, sino por destilarlos. El proceso fue una metamorfosis lenta y consciente: menos objeto, menos contexto, menos relato.
En obras más recientes de la serie, como ESSENTIA XV, el lenguaje visual se vuelve más esencial y, paradójicamente, más próximo al posthumanismo en su sentido profundo.
Las esferas sustituyen a los objetos reconocibles.
La sombra de los árboles reemplaza al árbol mismo.
La arquitectura se reduce a planos, límites y umbrales.
Aquí ya no hay rastro directo de lo cotidiano. Hay formas primarias, casi arquetípicas, que remiten a un mundo donde el cuerpo ha dejado de ser necesario para que exista experiencia.
Este desplazamiento conecta con las reflexiones de Jean Baudrillard sobre la desaparición de lo real y la sustitución de la presencia por signos⁴, y con el pensamiento de Byung-Chul Han, cuando habla de la necesidad de recuperar el vacío, el silencio y la negatividad frente al exceso de estímulo y de presencia contemporánea⁵.

El posthumanismo como consecuencia, no como origen
Es importante subrayar algo esencial:
mi obra no nace desde el posthumanismo, sino que llega a él.
Primero fue la búsqueda de equilibrio, de luz y sombra, de silencio visual.
Solo después comprendí que esa investigación dialogaba con un pensamiento contemporáneo más amplio, donde el ser humano ya no ocupa el centro del encuadre, sino que se diluye en el espacio que ha construido.
ESSENTIA no propone futuros tecnológicos ni escenarios distópicos. Propone una pregunta más sencilla —y quizá más incómoda—:
¿Qué queda de nosotros cuando desaparecemos de la imagen?
ESSENTIA como espacio de conciencia
Hoy entiendo ESSENTIA como una investigación pictórica sobre el espacio convertido en conciencia. Un lugar donde la arquitectura, la luz y la materia contienen la experiencia humana sin necesidad de representarla.
Ese es el punto de encuentro más honesto entre mi obra y el posthumanismo: no la teoría, sino la sensación de ausencia, de permanencia y de esencialidad.
No pintar al ser humano no significa excluirlo.
Significa, tal vez, permitir que el espacio hable por él.
Notas
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Braidotti, Rosi. The Posthuman. Polity Press, 2013, p. 49.
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Sloterdijk, Peter. Esferas I: Burbujas. Siruela, 2003, pp. 67–72.
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Agamben, Giorgio. Homo Sacer: El poder soberano y la nuda vida. Pre-Textos, 1998, p. 181.
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Baudrillard, Jean. La ilusión del fin. Anagrama, 1997, p. 32.
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Han, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. Herder, 2012, p. 27.